Santander México modera tarjetas de crédito ante señales de morosidad y refuerza su apuesta por pymes e infraestructura
Santander ajusta su estrategia: menos empuje en tarjetas por riesgo crediticio y más foco en financiamiento productivo para sostener el crecimiento.
Santander México decidió pisar el freno en la colocación de tarjetas de crédito, en un momento en que el sistema financiero observa un entorno más retador para el consumo: mayor competencia de emisores digitales, señales de estrés en la cartera y un costo financiero que, aunque ha comenzado a ceder, se mantiene elevado en términos históricos. En el marco de la 89 Convención Bancaria, Felipe García Ascencio, director general del banco, explicó que la institución busca ser más prudente en este negocio ante indicios de deterioro en la calidad crediticia.
El directivo señaló que la proliferación de tarjetas en el mercado mexicano ha elevado la necesidad de cautela, al tiempo que algunos participantes estarían asumiendo riesgos mayores para ganar participación. En este contexto, Santander se enfoca en ajustar su originación, priorizando perfiles con mejor capacidad de pago y un crecimiento más selectivo en el crédito revolvente.
De acuerdo con cifras de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), Santander México cuenta con la tercera cartera de crédito más grande del país, con 985,629 millones de pesos. En tarjetas de crédito, al cierre del último año reportó 81,954 millones de pesos, una disminución anual de 4.43% frente a los 85,757 millones del periodo previo, reflejando una postura menos agresiva en este segmento.
La decisión ocurre en un entorno en el que la política monetaria de Banco de México (Banxico) ha transitado hacia una fase de relajación gradual tras el ciclo restrictivo para contener la inflación. Sin embargo, el nivel de tasas sigue impactando el costo de fondeo y el pago mínimo de los tarjetahabientes, lo que típicamente eleva el riesgo de impago cuando se combina con pérdida de poder adquisitivo o desaceleración del empleo formal.
Pese a la moderación en tarjetas, Santander mantiene apetito por el financiamiento automotriz y, sobre todo, por el crédito al sector productivo. La cartera empresarial del banco representa alrededor del 42% de su cartera total, con más de 415,050 millones de pesos, lo que perfila una estrategia de mayor peso hacia empresas, gobiernos y, particularmente, pequeñas y medianas empresas (pymes).
Tarjetas bajo lupa: competencia digital y señales tempranas de estrés
El negocio de tarjetas en México se ha vuelto más competitivo por la entrada de nuevos jugadores de base tecnológica, que suelen ganar clientes con aprobaciones rápidas, líneas iniciales atractivas y experiencias 100% digitales. Este dinamismo ha ampliado el acceso, pero también ha presionado los estándares de originación en ciertos nichos, elevando el riesgo de sobreendeudamiento en hogares con ingresos variables o sin historial robusto. Para un banco grande, el reto es equilibrar crecimiento con disciplina: expandir la base de clientes sin comprometer la calidad de cartera, especialmente en un momento en el que el consumo se normaliza tras periodos de fuerte demanda y los hogares reasignan gasto hacia servicios y obligaciones financieras.
En paralelo, Santander considera que el avance del crédito bancario aún podría ser mayor si el país acelera proyectos y certidumbre para invertir. García Ascencio estimó que, este año, el banco prevé crecer su colocación entre 8% y 9%, por encima del crecimiento observado en la industria. En su lectura, la expansión del financiamiento debe acompañar la capacidad real de la economía para absorber deuda sin deteriorar pagos, un equilibrio clave en un país donde el crédito al sector privado como proporción del PIB sigue por debajo de economías comparables.
La institución también ve oportunidad en el impulso a proyectos de infraestructura y en el financiamiento a pymes, en línea con los planes gubernamentales orientados a elevar inversión y fortalecer cadenas de valor. En particular, Santander anticipó participación en proyectos carreteros de gran escala vinculados al ahorro para el retiro, con operaciones de intermediación cercanas a 1,000 millones de dólares por proyecto. Este tipo de esquemas suele buscar plazos largos y estructuras estables, y puede convertirse en una vía para canalizar recursos institucionales hacia activos productivos, siempre que existan marcos regulatorios y de ejecución que mitiguen riesgos de construcción, demanda y operación.
El banco también destacó la incorporación de Irene Espinosa, ex subgobernadora de Banco de México (Banxico), a su Consejo de Administración. La llegada de perfiles con experiencia en política monetaria y estabilidad financiera suele reforzar discusiones de gobierno corporativo, gestión de riesgos y mejores prácticas, particularmente en una etapa en la que la banca enfrenta cambios tecnológicos, nuevas reglas de competencia y mayor escrutinio sobre originación responsable.
Hacia adelante, el desempeño del crédito en México dependerá de una combinación de factores: la trayectoria de la inflación y las tasas, la fortaleza del empleo formal, la evolución del consumo y la capacidad de la inversión pública y privada para detonar proyectos con efecto multiplicador. Para las pymes, el acceso a financiamiento seguirá siendo decisivo, no solo por capital de trabajo, sino por inversión en digitalización, logística y expansión, en un contexto donde la relocalización de cadenas (nearshoring) compite con retos de energía, agua, seguridad y certidumbre regulatoria.
En suma, Santander está ajustando su mezcla de negocio: mayor prudencia en tarjetas por señales de morosidad y competencia intensa, y mayor énfasis en crédito productivo e infraestructura. El movimiento refleja una estrategia defensiva en consumo y más proactiva en inversión, con implicaciones para el ritmo de colocación y la calidad de cartera en un ciclo económico que exige selectividad.