Cetes bajan en abril, pero aún superan a la inflación: el ahorro compite contra la incertidumbre
La inflación repuntó a mediados de abril y, aunque los Cetes ajustaron a la baja en plazos cortos, todavía ofrecen rendimientos reales positivos.
Los Certificados de la Tesorería de la Federación (Cetes) cerraron abril con un ajuste a la baja en los plazos más cortos, en un contexto donde la inflación volvió a colocarse por encima del objetivo del Banco de México (Banxico). El movimiento, aunque marginal, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta clave para las finanzas de los hogares: ¿sigue valiendo la pena dejar el dinero en instrumentos gubernamentales cuando el costo de vida se acelera?
En la más reciente subasta de valores gubernamentales, Banxico reportó descensos de 0.05 puntos porcentuales en Cetes a 28 y 91 días, para ubicarlos en 6.50% y 6.70%, respectivamente. A 182 días la tasa se colocó en 6.85%, mientras que el Cete a un año se ubicó en 7.19%. En paralelo, la inflación general anual se situó en 4.53% en la primera quincena de abril, por arriba del rango que típicamente busca el banco central, lo que mantiene la discusión sobre cuánto “rinde de verdad” el ahorro en términos de poder adquisitivo.
La combinación de inflación elevada y rendimientos que se mueven con cautela refleja una etapa de transición: por un lado, el mercado sigue reconociendo que México mantiene un diferencial atractivo frente a economías desarrolladas; por el otro, los inversionistas evalúan qué tan persistente será la presión en precios en bienes de consumo básico y energéticos, en un entorno internacional que puede encarecer insumos y combustibles.
Para el ahorrador promedio, la lectura inmediata es que, aun con el recorte en plazos cortos, los Cetes continúan ofreciendo rendimientos nominales que superan a la inflación anual observada. La diferencia —el rendimiento “real” aproximado— sigue siendo positiva, aunque menos holgada que en periodos de desinflación más clara.
Inflación, tasas y “rendimiento real”: lo que importa para el bolsillo
La forma más sencilla de dimensionar la ganancia real de un Cete es comparar su tasa contra la inflación: si un instrumento paga 6.50% y la inflación anual ronda 4.53%, la ganancia real aproximada sería cercana a 2 puntos porcentuales antes de impuestos y comisiones. Esta comparación, sin embargo, debe interpretarse con cuidado: la inflación que afecta a cada familia depende de su canasta de consumo, y los precios de alimentos y transporte suelen impactar más a los hogares de menores ingresos. Además, la trayectoria futura de la inflación puede variar por choques de oferta (energía, granos) o por ajustes en tarifas y precios administrados.
En México, Banxico utiliza la tasa de referencia como principal herramienta para llevar la inflación hacia su objetivo. Cuando el mercado percibe que las presiones inflacionarias serán más persistentes, suele exigir tasas más altas; cuando anticipa que la inflación cederá, las tasas tienden a bajar gradualmente. Por eso, el ajuste observado en Cetes puede leerse como una señal de moderación en expectativas de corto plazo, aunque el nivel de inflación quincenal todavía obligue a mantener cautela.
Más allá de la foto de abril, el desempeño de los Cetes está ligado al ciclo de política monetaria. En episodios recientes, México ha mantenido una postura relativamente restrictiva para consolidar la desinflación, mientras el mercado también observa el comportamiento de la actividad económica, el empleo y el crédito. Si el crecimiento se enfría, suele aumentar la probabilidad de recortes de tasas; si la inflación repunta o se contamina a otros rubros, el margen para bajar rendimientos se reduce.
Para quienes buscan liquidez y bajo riesgo, los Cetes de 28 y 91 días siguen siendo el “estacionamiento” preferido del ahorro formal por su simplicidad y por estar respaldados por el gobierno federal. En cambio, los plazos más largos pueden ofrecer un rendimiento mayor, pero implican comprometer el dinero por más tiempo, lo cual importa si se anticipa una tendencia a la baja en tasas (porque después podría ser difícil reinvertir a niveles similares).
En el corto plazo, el principal riesgo para el rendimiento real no es tanto la variación semanal de las subastas, sino un repunte sostenido de la inflación que erosione el poder de compra. En ese escenario, el ahorro conservador tiende a buscar instrumentos que ajusten más rápido a las condiciones del mercado, o estrategias de diversificación que reduzcan la exposición a un solo plazo.
En suma, abril mostró un menor “brillo” en los Cetes de vencimiento corto, pero el balance sigue siendo favorable para perfiles conservadores: ofrecen una tasa por encima de la inflación observada, transparencia en el cálculo del rendimiento y un riesgo bajo frente a alternativas más volátiles. La clave para los próximos meses será si la inflación confirma una trayectoria descendente o si los choques de precios obligan a mantener tasas elevadas por más tiempo.





