Inflación baja en abril por la luz, pero la canasta básica sigue apretando a los hogares de menores ingresos
La desaceleración del INPC en abril se explicó por la electricidad, mientras frutas, verduras y servicios mantuvieron la presión sobre el bolsillo más vulnerable.
La inflación en México moderó su paso en abril, en buena medida por la reducción estacional en las tarifas eléctricas asociada al programa de temporada cálida, pero el alivio no se sintió por igual: los alimentos frescos y algunos servicios siguieron encareciéndose y afectaron con mayor fuerza a los hogares de menores ingresos.
El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró un avance de 0.20% mensual en abril y ubicó la inflación anual en 4.45%, por debajo del dato de marzo. La trayectoria confirma una desaceleración parcial en el componente más volátil —el no subyacente—, mientras la inflación subyacente, que suele marcar el tono de mediano plazo, se mantuvo elevada: aumentó 0.31% en el mes y se colocó en 4.26% anual.
En la lectura del mes, el componente no subyacente retrocedió 0.18% mensual, impulsado por la caída en energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, donde la electricidad fue determinante. En contraste, el rubro de frutas y verduras repuntó 3.47% mensual y alcanzó una variación anual de 21.43%, con aumentos pronunciados en productos de consumo cotidiano como jitomate, chiles y papa.
La foto inflacionaria de abril deja un mensaje mixto para la economía mexicana: por un lado, la estacionalidad eléctrica ayuda a “enfriar” el índice general; por otro, la persistencia de presiones en comida y servicios mantiene el deterioro del poder adquisitivo, en un entorno donde el consumo de los hogares sigue siendo un motor relevante del crecimiento, pero enfrenta límites cuando la canasta básica se encarece más rápido que el promedio.
Además de los alimentos frescos, destacaron incrementos en gasolina premium, gas LP y alimentos preparados fuera del hogar, un rubro sensible porque refleja tanto costos de insumos como salarios, rentas y logística. Este conjunto suele trasladarse con mayor rapidez al gasto diario de las familias urbanas y de quienes dependen de transporte para trabajar.
Por qué la inflación “pega distinto” según el ingreso
La inflación no es una experiencia homogénea: depende de qué consume cada hogar y de qué porcentaje de su ingreso destina a ello. Los hogares de menores ingresos concentran una mayor proporción de su gasto en alimentos y bebidas, por lo que un repunte en frutas, verduras y básicos puede ser más dañino que una baja temporal en electricidad u otros rubros de consumo menos frecuente. En este sentido, análisis recientes de Citibanamex han advertido que en 2026 la inflación acumulada ha resultado mayor para los hogares más vulnerables que para el promedio, una reversión frente a lo observado en parte de 2025. A esto se suman presiones en servicios como educación, salud y transporte, partidas que suelen ser difíciles de recortar sin afectar bienestar o productividad.
De cara a los próximos meses, el principal reto será el balance entre factores estacionales y presiones persistentes. La volatilidad en agropecuarios puede revertirse relativamente rápido si mejoran condiciones de oferta, pero la inflación de servicios tiende a bajar con más lentitud. Para Banxico, que mantiene como objetivo una inflación de 3% ±1 punto porcentual, la combinación de una subyacente todavía por arriba del rango y choques recurrentes en alimentos complica el camino hacia una convergencia sostenida, aun cuando el índice general muestre respiros temporales.
En el terreno social, el encarecimiento de alimentos frescos suele traducirse en ajustes inmediatos de consumo —sustituciones, menor calidad o menor cantidad—, lo que amplifica la sensibilidad de los hogares pobres ante episodios de alzas. Para empresas y comercios, el entorno implica una demanda más selectiva y una mayor resistencia a incrementos de precios en categorías no esenciales.
En síntesis, abril confirmó una desaceleración de la inflación general apoyada en la electricidad, pero también evidenció que el “núcleo” del problema se desplaza: cuando los alimentos y servicios siguen presionando, el alivio estadístico no necesariamente se convierte en alivio cotidiano, especialmente para los hogares de menores ingresos.