Inflación baja a 4.53% en la primera quincena de abril, pero alimentos mantienen la presión y Banxico sigue sin cantar victoria

07:18 23/04/2026 - PesoMXN.com
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El subsidio eléctrico moderó el índice general, pero el repunte de frutas y verduras mantiene la inflación fuera del rango objetivo del banco central.

La inflación en México mostró una leve desaceleración durante la primera quincena de abril, aunque todavía se mantiene por encima del objetivo del Banco de México (3% +/- 1 punto porcentual), en un entorno donde los precios de los alimentos—en particular frutas y verduras—siguen siendo el principal foco de presión para los hogares. De acuerdo con el Inegi, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) aumentó 0.11% quincenal, con lo que la inflación anual se ubicó en 4.53%, ligeramente por debajo del registro de finales de marzo, pero aún lejos de la zona consistente con estabilidad de precios.

El dato también se colocó marginalmente arriba de lo que anticipaba el mercado para el índice general, lo que sugiere que la trayectoria desinflacionaria continúa, pero no con la consistencia que el banco central suele buscar para relajar su postura monetaria. En la práctica, esto prolonga el debate sobre el momento oportuno para seguir recortando la tasa de referencia o mantenerla restrictiva por más tiempo, considerando que el componente subyacente—el que mejor refleja presiones internas—sigue avanzando.

En el desglose, la inflación subyacente aumentó 0.18% quincenal y se ubicó en 4.27% anual. Al interior, las mercancías subieron 0.25% y los servicios 0.12%, una combinación que apunta a que el proceso de ajuste de precios continúa en segmentos vinculados al consumo cotidiano y a costos laborales, especialmente en servicios. Este comportamiento suele ser relevante para Banxico porque el subyacente tiende a moverse con más inercia y, por tanto, es más difícil de abatir en poco tiempo.

En contraste, el componente no subyacente retrocedió 0.13% quincenal, apoyado en una disminución de 1.34% en energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno. El principal factor fue la baja en el precio de la electricidad por el arranque del esquema de tarifas de temporada cálida (subsidio de verano), que típicamente reduce el nivel del INPC en los estados donde se aplica y genera un “respiro” temporal para la inflación general.

Sin embargo, el alivio por energéticos no alcanzó para disipar las presiones en alimentos. Las frutas y verduras aumentaron 4.29% quincenal, con una inflación anual de 23.03%, una tasa elevada que refleja choques de oferta, estacionalidad y vulnerabilidad climática en el campo. Entre los productos con mayores incrementos destacaron el jitomate, distintos tipos de chile y la papa, lo que se traduce en un impacto directo sobre el gasto de las familias, dado el peso de estos bienes en la canasta de consumo de los hogares.

Banxico frente a una desinflación dispareja: energía baja, pero el subyacente manda

La fotografía de abril refuerza una lectura clave para la política monetaria: la desinflación avanza, pero lo hace de forma irregular. Los descensos asociados a electricidad y algunos energéticos pueden ser transitorios y dependen de decisiones administrativas o de factores externos, mientras que el subyacente suele responder a la dinámica interna de la economía. En México, los servicios han mostrado resistencia a bajar con rapidez por la transmisión de costos (rentas, alimentación fuera del hogar, cuidado personal, transporte urbano) y por ajustes graduales en salarios y otros insumos. En este contexto, Banxico tiende a poner mayor peso en la tendencia subyacente para calibrar si el nivel restrictivo de la tasa sigue siendo necesario para anclar expectativas.

Además, la evolución de la inflación mexicana se observa con atención en un momento en que el desempeño económico presenta señales mixtas: por un lado, la demanda interna ha mostrado resiliencia en distintos periodos, apoyada en el mercado laboral y en el crecimiento del salario real cuando la inflación cede; por otro, la actividad puede resentir condiciones financieras aún apretadas y una economía global que sigue expuesta a episodios de volatilidad. Esta combinación suele favorecer decisiones prudentes: recortes graduales, condicionados a que la inflación subyacente confirme una trayectoria descendente más clara.

Para los consumidores, la implicación inmediata es que el costo de la vida no sube al mismo ritmo en todos los rubros: mientras la factura eléctrica puede aliviarse por el subsidio en ciertas zonas, la canasta alimentaria sigue encareciéndose de forma sensible cuando hay picos en productos frescos. Para las empresas, el panorama sugiere que la formación de precios seguirá bajo escrutinio y que los costos logísticos y de insumos agropecuarios pueden seguir siendo un riesgo, sobre todo en cadenas relacionadas con alimentos.

Hacia adelante, el reto será distinguir entre los efectos temporales—como el ajuste estacional de electricidad—y los componentes que revelan persistencia. La trayectoria de frutas y verduras dependerá de condiciones climáticas, disponibilidad y normalización de cosechas, mientras que el subyacente estará más ligado a la demanda, a los costos de servicios y a la velocidad con la que se disipen presiones internas. Si el subyacente se mantiene cerca de 4% por más tiempo, el regreso al objetivo podría ser más lento, aun cuando el índice general tenga episodios de descenso por efectos de energía.

En suma, la inflación dio una señal de moderación al ubicarse en 4.53% anual, pero el episodio descansa en un factor estacional y administrativo, mientras los alimentos y el componente subyacente siguen marcando el pulso. La lectura para la economía mexicana es de cautela: la desinflación continúa, pero todavía no es lo suficientemente uniforme como para declarar que el proceso está plenamente controlado.

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