Hacienda reactiva estímulo al diésel por alza del crudo: presión inflacionaria y reto fiscal en México
El repunte del petróleo por el conflicto en Irán llevó a México a subsidiar el IEPS del diésel para contener el traslado de costos al transporte y a los precios.
El encarecimiento del petróleo en los mercados internacionales, en medio de la escalada bélica que involucra a Israel y a Estados Unidos contra Irán, volvió a impactar el costo de los combustibles y llevó al gobierno mexicano a reactivar el estímulo fiscal al diésel, el energético más utilizado por el transporte de carga y buena parte del transporte de pasajeros. Para la semana del 14 al 20 de marzo, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) aplicó un subsidio de 2.59 pesos por litro a la cuota del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) del diésel, equivalente a 35.2%.
Con ese estímulo, la cuota efectiva del IEPS al diésel baja de 7.36 a 4.77 pesos por litro. En términos prácticos, el mecanismo busca amortiguar el traslado del choque externo a los consumidores y a las cadenas logísticas, en un contexto donde México importa una proporción relevante de gasolinas y diésel, principalmente desde Estados Unidos, y donde el costo final en estaciones de servicio refleja tanto la referencia internacional como los impuestos y márgenes de distribución.
La medida llega después de un ajuste visible en el precio al público: el promedio nacional del diésel pasó de 26.23 a 27.71 pesos por litro desde el inicio del conflicto, un incremento de 1.48 pesos, alrededor de 5.6%. En contraste, las gasolinas Magna y Premium se mantienen, por ahora, sin estímulo, por lo que los consumidores continúan pagando las cuotas completas de IEPS por litro correspondientes a esos combustibles.
El repunte del crudo ha sido abrupto. El Brent, referencia global, rebasó la barrera de los 100 dólares por barril tras subir más de 40% desde finales de febrero, mientras que el WTI en Estados Unidos también registró incrementos cercanos a 50% en el periodo. La dinámica responde a temores de disrupciones de suministro en rutas estratégicas y a la prima de riesgo geopolítico que suele incorporarse al precio cuando hay amenazas a la oferta en regiones clave.
Inflación, transporte y cadenas de suministro: por qué el diésel pesa más
La reactivación del estímulo al diésel suele tener una lectura distinta a la de las gasolinas: el diésel permea de manera directa en costos de distribución de alimentos, mercancías, paquetería y servicios, por lo que su encarecimiento tiende a filtrarse al índice de precios a través de fletes y logística. En México, donde la mayor parte de la carga se mueve por carretera, un aumento sostenido del diésel puede presionar precios al consumidor incluso si la demanda interna se desacelera. Por ello, el subsidio funciona como un “amortiguador” de corto plazo para evitar que el choque de energía se convierta rápidamente en un episodio inflacionario más amplio.
El efecto, sin embargo, no es automático ni uniforme. En el corto plazo puede suavizar parte del impacto en el ticket de combustible y en los costos operativos de transportistas, pero si los precios internacionales se mantienen elevados por varias semanas, la presión sobre la estructura de costos reaparece y las empresas buscan compensarla con ajustes de tarifas. Además, en un entorno donde el Banco de México mantiene su foco en la convergencia de la inflación hacia la meta, un aumento persistente en energéticos complica el panorama para la trayectoria de precios y expectativas, aun cuando el estímulo reduzca parte del golpe.
El costo fiscal del estímulo y la sensibilidad del IEPS
El estímulo al IEPS es una herramienta flexible: sube cuando el petróleo se encarece y se retira cuando la referencia internacional se estabiliza o baja. Su contracara es fiscal. Al reducirse la cuota cobrada por litro, disminuye la recaudación asociada al impuesto, lo que presiona los ingresos presupuestarios en el margen. En periodos de alta volatilidad energética, el balance entre contener precios y proteger la recaudación se vuelve más delicado, especialmente si el gobierno enfrenta compromisos de gasto rígidos y un entorno de tasas de interés todavía restrictivo que encarece el servicio de la deuda.
En años recientes, la política de estímulos ha sido utilizada de forma intermitente: cuando el mercado lo permite, Hacienda elimina apoyos para recomponer ingresos; cuando el petróleo repunta, los reactiva para reducir la transmisión a precios internos. El hecho de que el apoyo al diésel sea el primero del año refuerza la idea de que el detonante fue un choque externo más que una presión interna de demanda. Si el conflicto se prolonga y el Brent se mantiene en niveles altos, el gobierno enfrentará la disyuntiva entre sostener el estímulo por más tiempo —con costo recaudatorio— o permitir mayores incrementos en el precio final, con impacto político y macroeconómico.
Hacia adelante, el principal factor a monitorear será la duración del choque geopolítico y su efecto sobre la oferta global de crudo y refinados. Para México, el estímulo al diésel puede contener parte del traspaso a la inflación en el corto plazo, pero también implica menor recaudación y una dependencia persistente de condiciones externas; el equilibrio entre estabilidad de precios y finanzas públicas seguirá marcando la ruta de la política de combustibles.