México pone al acero y al sector automotriz al frente en el diálogo con Estados Unidos ante la revisión del T-MEC

11:55 20/04/2026 - PesoMXN.com
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Los aranceles de la Sección 232 reordenan la negociación comercial y ya se reflejan en menores exportaciones mexicanas.

La revisión del T-MEC arrancó su segunda ronda de conversaciones en México con una señal clara de prioridades: el acero y la industria automotriz encabezaron la agenda frente al representante comercial de Estados Unidos (USTR), Jamieson Greer. La razón es directa: ambos sectores se han convertido en el principal frente de presión para México desde que el gobierno de Donald Trump reactivó en 2025 aranceles bajo la Sección 232, una figura legal estadounidense que justifica restricciones comerciales por motivos de “seguridad nacional”.

La secuencia de reuniones no fue casual. Acero y autos concentran buena parte del comercio bilateral y son pilares de la integración productiva de Norteamérica. Por eso, el golpe arancelario se traduce rápidamente en costos para exportadores, ajustes de planes de producción y, en el margen, decisiones de inversión. Para México, además, el tema llega en un momento de desaceleración económica y de alta dependencia de la demanda externa: la industria manufacturera orientada a exportación sigue siendo un motor clave del empleo formal y de la captación de divisas.

Los datos del Banco de México ya muestran un freno. En 2025, las exportaciones mexicanas de productos de fundición, hierro y acero hacia Estados Unidos cayeron 24% frente a 2024, mientras que los envíos de manufacturas vinculadas a esos productos bajaron 9%. En el arranque de 2026, el retroceso se profundizó: en el primer bimestre, las caídas alcanzaron 54% en productos de acero y 16% en manufacturas respecto al mismo periodo de 2025. En el caso del material de transporte —rubro que incluye vehículos ligeros y autopartes— las exportaciones descendieron 7% en 2025 y 17% en el primer bimestre de 2026.

El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha insistido en que los aranceles asociados a la Sección 232 serán un punto central del diálogo. Para México, el desafío es doble: reducir el daño inmediato al flujo comercial y evitar que estas medidas se conviertan en un nuevo “piso” de proteccionismo que reconfigure cadenas de suministro que tardaron décadas en consolidarse.

En la reunión realizada en el Club de Banqueros, en la Ciudad de México, el USTR escuchó a los principales representantes empresariales de ambos sectores. Por la industria automotriz, participó la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) y directivos de armadoras con presencia relevante en el país. Del lado acerero, acudieron líderes de compañías productoras y transformadoras, así como representantes del organismo sectorial.

La Sección 232, contenida en la Ley de Expansión Comercial de 1962, permite al presidente de Estados Unidos imponer aranceles después de una investigación del Departamento de Comercio cuando concluye que las importaciones amenazan la seguridad nacional. En 2025, la administración Trump endureció su uso en sectores considerados estratégicos, con impacto directo en acero, aluminio y productos vinculados a la industria automotriz.

En acero y aluminio, la Casa Blanca argumentó que la sobrecapacidad global —con énfasis en la presión de China sobre precios internacionales— justifica elevar barreras para proteger la producción doméstica. En marzo de 2025 se estableció un arancel de 25% y, en junio, se elevó a 50%, además de eliminar exenciones y ampliar la cobertura a productos derivados. A esto se añadió una regla más estricta para acreditar origen, con el objetivo de desincentivar triangulaciones.

Para el sector automotriz, el arancel anunciado en abril de 2025 fijó una tasa de 25% a vehículos importados, posteriormente extendida a autopartes. En este caso, el discurso de “seguridad nacional” convive con un matiz relevante para México: la integración del T-MEC abre espacios para exenciones o tratamientos diferenciados si se cumplen reglas de origen, aunque los mecanismos de cálculo y los requisitos de contenido elevan la complejidad y los costos de cumplimiento.

Nearshoring, inversión y el riesgo de un “costo Norteamérica” más alto

El episodio arancelario llega cuando México busca capitalizar el nearshoring, es decir, la relocalización de procesos productivos hacia Norteamérica para acercarse al mercado estadounidense. Sin embargo, la incertidumbre regulatoria y comercial puede elevar el “costo Norteamérica”: si los insumos estratégicos —como acero, aluminio o componentes automotrices— enfrentan barreras recurrentes, la planeación de largo plazo se complica. Para nuevas inversiones, el cálculo ya no solo depende de logística, talento y energía, sino de la probabilidad de que surjan aranceles sectoriales aun dentro de un tratado vigente.

En la práctica, esto puede tener dos efectos. Primero, presionar a empresas a rediseñar proveeduría para maximizar contenido regional y reducir exposición a gravámenes, lo que implica inversiones adicionales y, en algunos casos, sustitución de proveedores. Segundo, generar cuellos de botella y encarecer costos para industrias downstream (autopartes, maquinaria, construcción), con posibles repercusiones sobre precios, competitividad y márgenes. Para México, el reto será sostener su atractivo manufacturero sin perder agilidad ante reglas más estrictas en Estados Unidos.

En el corto plazo, una caída sostenida de exportaciones en estos rubros puede reflejarse en menor dinamismo industrial en regiones altamente integradas al comercio exterior —Bajío, norte y zonas fronterizas— y en ajustes de turnos o inversión de capital. En el mediano plazo, la negociación definirá si el T-MEC conserva su función de “ancla” de certidumbre o si convivirá con un régimen de excepciones arancelarias que, de facto, reduzca sus beneficios.

Hacia adelante, el desenlace dependerá de la capacidad de México para argumentar su papel dentro de cadenas regionales, demostrar cumplimiento de reglas de origen y, sobre todo, negociar esquemas que preserven el flujo de bienes estratégicos. Por ahora, el mensaje del arranque de la ronda es contundente: el acero y los autos son el termómetro de la relación económica con Estados Unidos y, al mismo tiempo, el punto donde se juega parte de la competitividad manufacturera mexicana en 2026.

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