Banxico pausa en 6.50% y refuerza el mensaje: la desinflación avanza, pero no está asegurada
La decisión unánime de Banxico refleja cautela ante una inflación que cede, aunque con presiones persistentes y riesgos externos que podrían reavivar los precios.
El Banco de México (Banxico) mantuvo sin cambios la tasa de referencia en 6.50%, una decisión unánime que confirmó la intención de sostener la postura monetaria por más tiempo luego de dar por terminado el ciclo de recortes. El movimiento estuvo en línea con lo anticipado por el mercado, en un momento en que la inflación general ha mostrado una desaceleración relevante en junio, pero la autoridad monetaria considera que aún no hay condiciones para retomar bajas de forma consistente.
En su diagnóstico, el banco central destacó que la inflación general pasó de 4.45% en abril a 3.55% en la primera quincena de junio, con descensos tanto en la inflación subyacente —la que mejor refleja la tendencia de mediano plazo— como en la no subyacente. Aun así, Banxico subrayó un punto clave para la discusión de política: las expectativas de inflación de mayor plazo continúan por encima de la meta permanente de 3%, lo que limita el espacio para relajar la postura sin poner en riesgo el anclaje de precios.
La decisión también se entiende a la luz del ajuste más reciente: el 7 de mayo Banxico recortó 25 puntos base de 6.75% a 6.50%, en una votación dividida, y señaló que con ese movimiento concluía el ciclo de recortes iniciado en marzo de 2024. Ahora, con un voto unánime, la Junta de Gobierno refuerza el mensaje de continuidad: mantener el nivel actual mientras se consolida la tendencia descendente, especialmente en la subyacente.
En su ruta de pronósticos, Banxico hizo un ajuste marginal a la baja para la inflación general del segundo trimestre de 2026 (de 4.1% a 4.0%) por un mejor desempeño de la no subyacente, pero mantuvo prácticamente intacta la trayectoria central y reiteró su previsión de convergencia a 3% hacia el segundo trimestre de 2027. Ese horizonte prolongado sugiere que, aunque el choque inflacionario ha perdido fuerza, el proceso para volver de manera sostenida a la meta se prevé gradual y con episodios de volatilidad.
El contexto doméstico añade complejidad. La economía mexicana ha mostrado señales mixtas: algunos componentes de la demanda interna se han moderado, mientras los servicios mantienen presiones de precios más persistentes que las mercancías. Para Banxico, este tipo de rigideces importa porque, en periodos de desinflación, los precios de servicios suelen responder más lentamente al ajuste monetario, lo que obliga a calibrar con prudencia cualquier relajación adicional.
El diferencial con Estados Unidos y el impacto sobre el peso
Otro elemento que pesa en el cálculo es el diferencial de tasas con Estados Unidos. Mientras Banxico sostiene 6.50%, la Reserva Federal mantiene su rango de referencia en 3.50% a 3.75%, lo que deja una brecha de alrededor de 275 a 300 puntos base. Ese diferencial suele favorecer el atractivo relativo de activos en pesos y ayuda a amortiguar episodios de volatilidad cambiaria; sin embargo, también implica que cambios en las expectativas sobre la trayectoria de la Fed pueden trasladarse rápidamente al mercado local.
En la práctica, un diferencial amplio tiende a respaldar al peso, pero no lo blinda. Banxico advirtió que una eventual depreciación cambiaria podría complicar la desinflación, especialmente si se combina con aumentos en costos logísticos o energéticos. En un entorno global de riesgos —tensiones geopolíticas, ajustes en políticas comerciales y episodios de aversión al riesgo— la estabilidad del tipo de cambio depende tanto del diferencial de tasas como de los flujos de portafolio, la percepción de riesgo país y la lectura del mercado sobre la solidez fiscal.
El banco central mantuvo un balance de riesgos sesgado al alza para la inflación. Entre los factores que podrían frenar el avance desinflacionario mencionó la persistencia de la subyacente, presiones de costos, choques externos y un escenario de depreciación del peso; del lado que podría ayudar, señaló que una menor actividad económica en México o en Estados Unidos podría contribuir a moderar presiones sobre precios. Para los inversionistas, el foco estará en si la inflación subyacente confirma un descenso sostenido y en cómo evoluciona el panorama externo, particularmente la trayectoria de la política monetaria en Estados Unidos.
Hacia adelante, el escenario más probable es una fase de “esperar y ver”: Banxico buscaría acumular evidencia de que la desinflación es durable antes de reabrir la puerta a recortes. En el corto plazo, la discusión se concentrará en la composición de la inflación —qué tanto ceden servicios, rentas y otros rubros inerciales— y en la capacidad de la economía para crecer sin reactivar presiones generalizadas, en un entorno donde el crédito, la inversión y el consumo reaccionan con rezagos a la política monetaria.
En síntesis, la pausa en 6.50% confirma que Banxico ve avances claros en inflación, pero privilegia la cautela ante riesgos internos y externos; el próximo tramo dependerá menos de un dato aislado y más de una tendencia convincente en la inflación subyacente y en las expectativas.




