Nacional Monte de Piedad nombra a José Antonio Murillo Garza en plena huelga: el reto de reactivar un termómetro del consumo popular
La llegada del nuevo director ocurre con 301 sucursales cerradas y presiona una salida laboral para restablecer un canal clave de liquidez para hogares.
En medio de una huelga que cumple ocho meses, el Patronato de Nacional Monte de Piedad (NMP) nombró a José Antonio Murillo Garza como nuevo director general, con inicio de funciones el 1 de junio. El relevo ocurre tras la renuncia de Rafael Humberto Del Río y en un momento de alta sensibilidad operativa para una institución que, por su alcance, funciona como una pieza relevante de financiamiento de corto plazo para millones de personas.
Murillo Garza señaló que asume el encargo con el compromiso de trabajar con colaboradores, Patronato, autoridades y distintos grupos de interés para fortalecer el impacto social de la institución y construir bases para su continuidad. En los hechos, el primer frente es resolver el conflicto laboral que mantiene cerradas 301 sucursales en el país, con afectaciones para 1,890 trabajadores sindicalizados y 860 no sindicalizados.
El conflicto estalló el 1 de octubre de 2025. El sindicato ha sostenido que hubo violaciones al Contrato Colectivo de Trabajo, particularmente en control de plazas y ascensos. NMP, por su parte, ha defendido que el núcleo de la disputa está en la implementación de un sistema automatizado y transparente para asignar vacantes. Mientras tanto, la institución afirma que las prendas se mantienen resguardadas en bóvedas y mantiene líneas telefónicas para consulta del estatus de los empeños.
La magnitud de la operación ayuda a dimensionar el impacto: la institución suele procesar alrededor de 600,000 operaciones mensuales. Aunque no existe una cifra única del costo económico de la huelga, la interrupción prolongada restringe un mecanismo de liquidez inmediata para hogares que usan el empeño como puente ante emergencias, estacionalidad del ingreso o presiones por inflación en rubros básicos.
Murillo Garza llega con un perfil técnico: es doctor en Economía por Rice University, ha sido profesor e investigador en El Colegio de México y el ITAM, y acumuló experiencia en el sector financiero. Antes del nombramiento encabezaba RappiCard, propiedad de Banorte, donde participó en procesos de crecimiento e innovación. Esa combinación de política pública, academia y finanzas digitales sugiere una estrategia enfocada tanto en reordenar procesos internos como en modernizar servicios.
Empeño, inflación y liquidez: por qué importa la parálisis de NMP
El desempeño de las casas de empeño —y de NMP en particular— suele intensificarse cuando el poder adquisitivo se presiona y el crédito formal no llega con rapidez o con costos accesibles para todos. En México, el consumo de los hogares ha mostrado resiliencia, pero convive con un entorno de tasas aún elevadas, una inflación que si bien se ha moderado frente a picos previos sigue afectando rubros esenciales, y un mercado laboral con alta informalidad. En ese contexto, el empeño opera como una válvula de ajuste: convierte un activo en efectivo de manera casi inmediata. Una huelga prolongada, por tanto, no solo es un tema laboral; también altera la competencia y la capacidad de respuesta del mercado de financiamiento de emergencia, desplazando demanda hacia alternativas privadas potencialmente más caras o menos transparentes, o hacia redes informales de crédito.
Para NMP, la reactivación no se limita a abrir cortinas: implica recuperar la confianza operativa, normalizar valuaciones, resguardar inventarios y retomar flujos de efectivo con controles sólidos. En un entorno donde la digitalización financiera avanza pero la inclusión sigue incompleta, la institución enfrenta el reto doble de modernizar procesos sin erosionar acuerdos laborales, y al mismo tiempo atender a una clientela que valora la atención presencial y la rapidez.
Las conversaciones para destrabar el conflicto se realizan con la participación de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y representantes sindicales, quienes han descrito una negociación “con más compromiso”. Sin embargo, la duración del paro eleva el costo de oportunidad: cada mes sin operaciones reduce la capacidad de NMP de cumplir su misión social y debilita su posición frente a competidores que sí están capturando esa demanda.
Hacia adelante, el nombramiento de Murillo Garza se lee como una apuesta por gestión y ejecución: cerrar el capítulo laboral, reconstruir capacidades institucionales y definir qué tanto la modernización —incluida la automatización de asignación de vacantes— puede implementarse con gobernanza laboral aceptable. En términos macro, un regreso ordenado de NMP contribuiría a normalizar un canal de liquidez de corto plazo que suele volverse más visible cuando la economía familiar enfrenta apreturas.
En perspectiva, el caso de NMP muestra cómo un conflicto laboral puede repercutir más allá de la empresa: en un país donde la liquidez de emergencia es crucial para amplios segmentos, la solución negociada será clave para restablecer servicio, empleo y confianza institucional.




