México busca acelerar inversión canadiense con proyectos farmacéuticos, vivienda industrial y cadenas de valor
Una misión empresarial en Canadá dejó anuncios y cartas de intención por miles de millones de USD, con énfasis en manufactura avanzada y salud.
La relación económica entre México y Canadá volvió a tomar tracción con una misión comercial que reunió a cientos de empresarios y autoridades, y que derivó en anuncios de inversión, proyectos industriales en evaluación y acuerdos de cooperación académica y cultural. En un momento en que México compite por capital productivo en medio de la relocalización de cadenas (nearshoring) y de una desaceleración global, el mensaje central de la gira fue reforzar la integración regional y atraer proyectos con mayor contenido tecnológico.
El anuncio de mayor tamaño se concretó en Toronto: el gobierno de Hidalgo informó un acuerdo para una inversión estimada en 2,000 millones de dólares (USD) destinada a instalar una planta de ingredientes farmacéuticos activos. El proyecto estaría a cargo de Solar International Core Canada y se ubicará en el Polo de Desarrollo Económico de Zapotlán, con una primera etapa que contempla 70 millones de dólares para la adquisición del terreno y el arranque del desarrollo.
El memorando de entendimiento fue firmado por directivos de la compañía y autoridades estatales, con participación de la Secretaría de Economía. Para México, el atractivo de este tipo de plantas no solo reside en el monto, sino en su potencial para fortalecer capacidades industriales en un segmento —insumos farmacéuticos— que el país ha buscado robustecer tras las disrupciones logísticas de años recientes y la mayor atención a la seguridad de suministro en Norteamérica.
Además del caso de Hidalgo, la misión abrió el compás para que otras entidades avanzaran con proyectos en distintas fases. En Chiapas se firmó una carta de intención con INTE Modular para analizar una planta de vivienda modular, con una inversión potencial de hasta 360 millones de dólares. En Puebla, Process Research Ortech Inc. planteó evaluar el desarrollo de una planta para procesar minerales y materiales orientados a baterías, con una posible inversión de 380 millones de dólares. Jalisco, por su parte, reportó acuerdos preliminares con Sustainable Agave Holdings Ltd. para analizar una instalación que procese agave y produzca pulpa, con una inversión estimada de 100 millones de dólares.
En el plano institucional, la agenda incluyó acuerdos de cooperación educativa —entre instituciones mexicanas y Colleges and Institutes Canada— orientados a intercambio y formación, así como entendimientos en el ámbito cultural para promover coproducciones y colaboración audiovisual. Aunque no son inversiones directas, este tipo de convenios suele apuntalar el capital humano y la vinculación tecnológica, dos variables críticas para que el nearshoring se traduzca en productividad y no solo en expansión de capacidad instalada.
Farmacéutica y nearshoring: por qué importan los ingredientes activos
La instalación de una planta de ingredientes farmacéuticos activos en México se inserta en una discusión más amplia: la necesidad de acortar cadenas de suministro en sectores estratégicos y reducir vulnerabilidades asociadas a choques externos. Para la economía mexicana, el valor agregado de un proyecto así depende de su nivel de integración local (proveeduría, servicios especializados, ingeniería), del acceso a energía y agua con costos competitivos, y de la certidumbre regulatoria para operar bajo estándares sanitarios internacionales. En el corto plazo, los beneficios más visibles suelen concentrarse en construcción y empleo directo; en el mediano, el reto es construir un ecosistema de proveedores y talento que permita que la inversión se “ancla” al territorio y se conecte con exportaciones y con el mercado interno.
En paralelo, la estrategia de atraer proyectos vinculados a baterías o procesamiento de materiales refleja la intención de capturar oportunidades ligadas a la transición energética y a la industria automotriz regional. Sin embargo, el aterrizaje de estas inversiones enfrenta cuellos de botella conocidos: infraestructura logística y aduanera, disponibilidad de parques industriales, costos de financiamiento y, de manera creciente, la confiabilidad del suministro eléctrico. Estos factores influyen en la velocidad con la que los anuncios se convierten en obras y, después, en producción.
Para las entidades, el desafío es convertir memorandos y cartas de intención en decisiones finales de inversión. Eso requiere paquetes de facilitación —permisos, suelo industrial, capacitación— y coordinación entre niveles de gobierno. También exige claridad sobre incentivos y obligaciones, particularmente en proyectos intensivos en recursos, donde el escrutinio social y ambiental suele aumentar.
De fondo, el interés canadiense se explica por la integración productiva de Norteamérica y por el atractivo de México como plataforma manufacturera, aunque el país compite con otras jurisdicciones por proyectos similares. En este entorno, la política industrial y la capacidad de ejecución local pueden ser tan determinantes como los costos laborales.
En síntesis, la misión a Canadá dejó señales de cartera de proyectos en sectores diversos y un anuncio farmacéutico de gran escala en Hidalgo; el impacto final dependerá de que los compromisos se materialicen y de que México resuelva cuellos de botella para elevar el contenido nacional y la productividad.





