Crédito más caro y lento para pymes constructoras; fintech y factoraje ganan terreno

Las pequeñas y medianas empresas del sector construcción enfrentan mayores barreras para financiar su capital de trabajo en México. A los requisitos extensos y los tiempos de respuesta prolongados en la banca comercial se suman flujos de pago irregulares, sobre todo en contratos con el sector público, lo que eleva el riesgo percibido por los intermediarios y encarece el crédito. En este contexto, plataformas fintech y esquemas de factoraje han comenzado a ocupar un espacio creciente como alternativas de liquidez.
Un punto crítico para los contratistas que proveen a gobiernos es el plazo de cobro: los pagos pueden tardar hasta cuatro meses, frente a los 60 o 90 días habituales en cadenas de retail. Ese desfase obliga a recurrir a créditos puente que, además de demorados, suelen venir con tasas elevadas en un entorno de referencia todavía en dos dígitos. La TIIE y el costo del fondeo continúan presionados, lo que impacta directamente el costo de las líneas revolventes y de los descuentos de documentos para empresas pequeñas.
La digitalización de ingresos y facturas se ha convertido en un aliado para acortar esa brecha. Fintech especializadas analizan flujos a partir de la información fiscal de las compañías —vía la CIEC del SAT— para construir historiales de pago y modelos de riesgo más finos. Con ello, bancos y no bancarias pueden evaluar mejor el número de clientes, los montos facturados y la estacionalidad de los cobros. Aunque el avance de la apertura financiera ha sido gradual, la disponibilidad de datos transaccionales tiende a fortalecer la originación de crédito basada en desempeño y no solo en garantías.
La garantía inmobiliaria sigue siendo un obstáculo recurrente: si el bien ofrecido no compensa potenciales costos de recuperación, muchas solicitudes se rechazan. Desde la Asociación de Bancos de México se ha puesto énfasis en educación financiera y adopción de pagos y cobros digitales para robustecer la formalidad de las pymes. De acuerdo con la banca, apenas una de cada cuatro pymes sujetas a crédito accede efectivamente a financiamiento, lo que evidencia un reto estructural en la penetración del crédito productivo.
El telón de fondo del sector es mixto. La construcción ha mostrado dinamismo en obras de infraestructura pública y en proyectos industriales vinculados al nearshoring en el norte y el Bajío, pero la edificación privada residencial y comercial se mantiene más heterogénea. Esa dualidad exige liquidez oportuna a subcontratistas y proveedores medianos, precisamente donde los descalces de caja suelen ser más agudos.
Programas como Cadenas Productivas de Nafin —que permite descontar cuentas por cobrar de dependencias públicas y grandes compradores— y convenios estatales tipo Impulso Nafin+Estados buscan abaratar el fondeo y acelerar el flujo a proveedores. Sin embargo, su alcance es desigual por entidad y sector, y la carga administrativa desalienta a empresas con áreas financieras limitadas. El factoraje con recursos de mercado también gana momentum, aunque su costo depende de la calidad del pagador y de las tasas de referencia.
De cara a los próximos meses, un ciclo de relajamiento monetario gradual podría aliviar el costo del crédito, pero la disciplina fiscal y los calendarios de pago públicos seguirán marcando el pulso de la liquidez para las pymes constructoras. La expansión de modelos de crédito basados en datos y cadenas de suministro, junto con una adopción más amplia de herramientas digitales de cobranza, luce como el camino más probable para ampliar el acceso sin comprometer estándares de riesgo.
En síntesis: las pymes de la construcción requieren financiamiento más ágil y a menor costo para sortear plazos de cobro largos. El alto costo del dinero, las garantías insuficientes y la burocracia limitan la oferta bancaria, mientras que fintech, factoraje y programas de desarrollo ofrecen válvulas de escape. La clave estará en acelerar la digitalización y mejorar la calidad de la información para que el crédito fluya donde más impacto productivo puede tener.