México busca cerrar la brecha del acero: de depender de importaciones a producir casi todo lo que consume
La industria siderúrgica y el gobierno apuestan por sustituir importaciones y blindar cadenas productivas ante el giro arancelario de Estados Unidos.
México tiene margen para acercarse a la autosuficiencia en un insumo estratégico: el acero. La Cámara Nacional de la Industria del Hierro y del Acero (Canacero) sostiene que el país podría producir hasta 97% del acero que demanda el mercado interno, y dejar en apenas 3% la importación de ciertos aceros especiales que todavía no se fabrican localmente a escala o con las especificaciones requeridas por algunos sectores.
El planteamiento llega en un momento complejo. La producción nacional ronda 14 millones de toneladas, mientras que el consumo se estima cerca de 28 millones, una diferencia que se cubre con compras externas. Para el sector, la dependencia no obedece a una falta estructural de plantas o infraestructura, sino a una combinación de competencia de importaciones a bajo precio, ciclos de inversión largos y un entorno internacional más restrictivo para el comercio.
En este contexto, la industria y el gobierno federal han delineado una ruta que combina tres frentes: frenar el ingreso de acero subsidiado o con prácticas desleales, fortalecer la demanda de producto nacional —en particular en obras y compras públicas— y acelerar inversiones ya comprometidas para ampliar capacidad y modernizar procesos.
Canacero estima que las inversiones en curso suman alrededor de 8,500 millones de dólares para este sexenio. El objetivo es elevar la oferta disponible en el país, mejorar productividad y reducir vulnerabilidades en las cadenas de suministro, especialmente en sectores intensivos en acero como automotriz, electrodomésticos, maquinaria, construcción e infraestructura energética.
El replanteamiento también responde a un cambio abrupto del entorno en América del Norte: bajo la sección 232, Estados Unidos elevó el arancel al acero de 25% a 50% y eliminó excepciones, un giro que golpea a México pese a la integración productiva desarrollada con el T-MEC. En la práctica, el ajuste encarece o complica exportaciones y reacomoda flujos comerciales, presionando a la industria a colocar más volumen en el mercado interno.
De acuerdo con lo expuesto por el presidente de Canacero, Sergio Maza, las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos se han debilitado frente a ese nuevo marco, lo que aumenta la urgencia de recuperar participación en el consumo doméstico. La apuesta del sector es que, si se sustituye una parte relevante de las importaciones, se podría elevar rápidamente la utilización de capacidad instalada sin esperar a que concluya todo el ciclo de inversión.
Aranceles, T-MEC y el reto de mantener integrada a Norteamérica
El endurecimiento arancelario estadounidense reabre un dilema para la región: cómo conciliar la seguridad económica y la política industrial con una cadena de valor norteamericana que opera de forma interdependiente. En México, el acero es insumo transversal: impacta costos de vivienda y obra pública, competitividad manufacturera y la atracción de inversión ligada al “nearshoring”. Si las medidas comerciales elevan el precio efectivo del acero o generan incertidumbre sobre el acceso al mercado, las empresas reevalúan abastecimiento, inventarios y, en casos extremos, planes de expansión.
Para México, la conversación con Estados Unidos se vuelve clave por dos vías. La primera es técnica: encontrar mecanismos que reconozcan origen regional y trazabilidad para diferenciar el acero norteamericano del que entra subsidiado desde otras economías. La segunda es económica: equilibrar la sustitución de importaciones con la necesidad de mantener insumos competitivos para exportar manufacturas, en un momento en que el país busca sostener su atractivo para la relocalización de cadenas productivas.
En paralelo, el mercado interno ofrece oportunidades, pero también exigencias. Para sustituir importaciones de manera sostenida, la industria necesita certidumbre regulatoria, energía confiable y competitiva, logística eficiente y una vigilancia aduanera eficaz contra subvaluación o triangulación. A ello se suma la presión ambiental: la siderurgia global avanza hacia procesos con menor intensidad de carbono, y el acceso a financiamiento y contratos puede depender cada vez más de estándares de descarbonización y trazabilidad.
Hacia adelante, el éxito del plan dependerá de qué tan rápido se traduzcan los acuerdos en compras efectivas de acero nacional, en medidas de defensa comercial bien instrumentadas y en capacidad adicional operando con eficiencia. La industria ve espacio para recuperar mercado interno este mismo año, pero el resultado final estará atado a la evolución del ciclo manufacturero, la construcción y la relación comercial con Estados Unidos.
En síntesis, México intenta convertir un entorno externo más restrictivo en un impulso para fortalecer su base industrial: producir más acero en casa, reducir dependencia y proteger cadenas productivas, sin perder competitividad en la región de América del Norte.





