Inversión y consumo se enfrían en febrero y elevan el riesgo de un crecimiento más débil en 2026
La caída de la inversión en maquinaria y el retroceso del consumo reflejan cautela empresarial y pérdida de tracción interna, en un entorno marcado por la incertidumbre comercial.
La economía mexicana volvió a mostrar señales de fragilidad en febrero, al confirmarse un arranque de año con menor dinamismo: tanto la inversión fija bruta como el consumo privado retrocedieron por segundo mes consecutivo, de acuerdo con cifras del Inegi. El desempeño sugiere que el impulso interno —clave para amortiguar choques externos— se está debilitando en medio de una combinación de incertidumbre comercial, confianza empresarial deteriorada y un mercado laboral que pierde fuerza respecto a los niveles de 2023-2024.
La inversión fija bruta disminuyó 0.8% mensual en febrero, con lo que ligó dos caídas. La mayor presión provino de la maquinaria y equipo, que descendió 2.28% y acumuló cinco meses en terreno negativo, una señal sensible porque este rubro suele anticipar decisiones de expansión productiva. Dentro del componente, la inversión en maquinaria y equipo de origen nacional cayó 1.62% y extendió a siete meses su racha de contracciones, mientras que la importada bajó 2.79%, reflejando cautela también en la compra de bienes de capital ligados a la integración manufacturera.
La construcción avanzó marginalmente 0.11% mensual, tras haber retrocedido en enero. Sin embargo, el dato fue insuficiente para revertir la señal general, en particular por el comportamiento del segmento no residencial —vinculado a naves industriales, infraestructura productiva y ampliaciones de planta—, que se contrajo 0.13% y mantuvo el tono débil que ha mostrado en los últimos trimestres.
En su comparación anual, la inversión fija bruta se contrajo 3.58% en febrero y acumuló 18 meses en negativo. El golpe más severo estuvo en maquinaria y equipo, con una caída anual de 9.10%, y una marcada debilidad en la inversión de origen nacional. Analistas han advertido que la combinación de incertidumbre regulatoria y dudas sobre el rumbo de la relación comercial con Estados Unidos tiende a posponer proyectos, lo que a su vez limita el aumento de la capacidad productiva y reduce el potencial de crecimiento de mediano plazo.
En paralelo, el consumo privado en el mercado interior retrocedió 0.46% mensual en febrero, sumando dos meses de bajas, un comportamiento que suele asociarse con un consumidor más cauteloso. La caída se explicó por un descenso de 0.89% en bienes nacionales y de 0.26% en servicios, mientras que el consumo de bienes importados repuntó 1.90%, una divergencia que puede reflejar composición del gasto y variaciones en precios relativos, además de decisiones de compra puntuales.
A tasa anual, el consumo privado avanzó 0.93%, su crecimiento más bajo desde mediados de 2025. Destacó la contracción de 2.91% en el consumo de bienes nacionales y la primera caída anual en servicios nacionales desde 2021, señales consistentes con un entorno de menor tracción del ingreso disponible y una confianza del consumidor menos sólida que en años recientes. En el análisis coyuntural, también suele pesar la moderación de las remesas respecto a los máximos observados tras la pandemia, así como un mercado laboral que, si bien sigue mostrando resiliencia en términos agregados, enfrenta una normalización en ritmo de creación de empleo formal y una desaceleración en algunos segmentos ligados a manufactura y comercio.
Incertidumbre comercial y T-MEC: el factor que mantiene la cautela
El telón de fondo es la relación comercial con Estados Unidos, principal destino de las exportaciones mexicanas y pieza central de la inversión manufacturera. La expectativa de definiciones en torno al marco del T-MEC, así como la persistencia de medidas arancelarias o amenazas de ajuste a exportaciones de mayor valor agregado, ha elevado la prima de incertidumbre para empresas que planean ampliar capacidad o relocalizar procesos. En la práctica, esto puede traducirse en decisiones de inversión “en pausa”, aun cuando México conserve ventajas como su integración logística con Norteamérica, la base exportadora automotriz-electrónica y el atractivo del nearshoring. La lectura para 2026 es relevante: si el flujo de inversión se mantiene débil, la economía podría enfrentar un crecimiento más dependiente del sector externo y de la obra pública, con menor fortaleza del consumo y de la inversión privada.
Otro ángulo relevante es la divergencia entre inversión pública y privada. En cifras originales, la inversión privada cayó 5.42% anual en febrero, mientras la pública avanzó 3.5%. Esta diferencia sugiere que, aunque el gasto del sector público puede atenuar parcialmente el ciclo, la inversión privada sigue siendo el motor principal para sostener el crecimiento, elevar productividad y detonar encadenamientos industriales; sin su recuperación, la expansión se vuelve más vulnerable ante choques de demanda externa y cambios en condiciones financieras globales.
De cara a los próximos meses, el desempeño de la actividad interna estará condicionado por la evolución de la confianza, la claridad del entorno comercial con Estados Unidos y la velocidad con la que se materialicen proyectos productivos asociados a cadenas regionales. En paralelo, el margen de la política monetaria seguirá atento a la trayectoria de la inflación y a la actividad, mientras que el balance fiscal y la inversión pública marcarán el ritmo de apoyo a sectores como construcción e infraestructura.
En síntesis, febrero dejó un mensaje claro: la economía mexicana enfrenta una fase de enfriamiento en sus dos pilares internos —inversión y consumo—, y la ruta de recuperación dependerá en buena medida de certidumbre comercial, condiciones de inversión y la capacidad de sostener el empleo y el ingreso real sin generar presiones inflacionarias.



