Cetes a 28 días repuntan y reabren el debate sobre el “rendimiento real” en México
El ajuste al alza en la tasa de 28 días confirma un mercado atento a la inflación y a la trayectoria de las tasas en México.
Los rendimientos de los Certificados de la Tesorería (Cetes) mostraron movimientos mixtos en la subasta más reciente de valores gubernamentales, con un repunte en el plazo de 28 días, de acuerdo con resultados publicados por el Banco de México (Banxico). En un entorno de inflación todavía por encima del objetivo y con episodios de volatilidad externa, el desempeño de los instrumentos de corto plazo volvió a captar la atención de ahorradores e inversionistas.
En la colocación, los Cetes a 28 días subieron 0.05 puntos porcentuales frente a la subasta previa, para ubicarse en 6.54%. En contraste, el rendimiento de 91 días retrocedió 0.18 puntos, a 6.49%. Los plazos de 182 días y un año quedaron en 6.74% y 7.17%, respectivamente, con ligeras bajas frente al evento anterior. Esta configuración sugiere una curva con ajustes puntuales, más que un cambio homogéneo en el costo de financiamiento del gobierno.
El movimiento llega con una inflación general anual de 4.45% en abril, aún distante de la meta de Banxico (3% +/- un punto porcentual). En términos de lectura macroeconómica, mientras la inflación se mantenga por encima del rango objetivo, el mercado suele exigir una compensación adicional —aunque sea marginal— en los plazos donde se percibe más sensibilidad a los datos de precios y a la comunicación de política monetaria.
Para el ahorrador minorista, los Cetes continúan funcionando como referencia de inversión de bajo riesgo y alta liquidez relativa, especialmente en comparación con alternativas más volátiles. Su valor nominal es de 10 pesos y se adquieren a descuento: se paga menos hoy y al vencimiento se recibe el valor nominal, con la diferencia como rendimiento.
Inflación, tasas y el cálculo del rendimiento real
Más allá de la tasa “nominal” anunciada en la subasta, la pregunta clave para medir el poder adquisitivo del ahorro es cuánto se gana en términos reales. Una forma simplificada de aproximarlo es restar la inflación anual al rendimiento anualizado del instrumento. Con un Cete a 28 días en 6.54% y una inflación anual de 4.45%, el rendimiento real estimado rondaría 2.09 puntos porcentuales. Aunque este cálculo no sustituye una medición más precisa (por ejemplo, incorporando expectativas de inflación a futuro), sí ayuda a dimensionar por qué estos instrumentos siguen siendo atractivos cuando la inflación se modera sin caer plenamente a la meta.
En la práctica, el “rendimiento real” también depende del horizonte del inversionista: quien reinvierte cada 28 días enfrenta el riesgo de que las tasas bajen si el ciclo monetario entra en fase de relajación; en cambio, quien toma plazos mayores busca fijar una tasa por más tiempo, pero asume el costo de oportunidad de quedar “amarrado” si las tasas suben. En México, ese balance cobra relevancia porque el ciclo de desinflación no ha sido lineal y porque los choques de oferta —energía, alimentos y tipo de cambio— pueden alterar el panorama en periodos relativamente cortos.
Desde la óptica de finanzas públicas, los cambios en la parte corta de la curva también importan: una mayor tasa de refinanciamiento puede presionar el costo financiero en la medida en que el gobierno renueve vencimientos de corto plazo. Sin embargo, el impacto neto depende de la composición del portafolio de deuda, el calendario de amortizaciones y el acceso a mercados, además de la estrategia de administración de pasivos.
Hacia adelante, el desempeño de los Cetes seguirá atado a la lectura de inflación subyacente, a la postura de Banxico y a la percepción de riesgo global. Episodios de tensión externa suelen trasladarse al apetito por instrumentos líquidos y de menor duración, mientras que señales claras de convergencia de la inflación a la meta podrían reflejarse en una trayectoria descendente de tasas, con implicaciones directas para quienes renuevan inversiones en plazos cortos.
En síntesis, el repunte del Cete a 28 días confirma un mercado vigilante: mientras la inflación no regrese de forma sostenida al rango objetivo, los inversionistas seguirán ponderando la protección del rendimiento real y la flexibilidad de los plazos.