Trump da marcha atrás al peaje en Ormuz y el petróleo vuelve a mover las expectativas sobre inflación y tipo de cambio en México
El giro de Washington sobre Ormuz reduce presión inmediata en energía, pero mantiene la volatilidad que México resiente en gasolina, inflación y finanzas públicas.
La decisión del presidente Donald Trump de retirar la tasa de 20% que había anunciado para los barcos que crucen el Estrecho de Ormuz reconfigura, al menos de forma temporal, el balance de riesgos para el mercado petrolero internacional. Ormuz es un paso marítimo crítico por el que transita una porción significativa del crudo que consume el mundo; por eso, cualquier fricción militar o comercial en esa zona suele trasladarse con rapidez a los precios de la energía y a la percepción de riesgo global.
Para México, el ajuste importa por dos vías: la primera es el canal de precios—en particular combustibles y petroquímicos—que incide en la inflación; la segunda es el canal financiero, porque los episodios de tensión geopolítica tienden a fortalecer al Dólar estadounidense y a encarecer coberturas y financiamiento para economías emergentes. Aunque el anuncio de Trump busca sustituir el peaje por “acuerdos de comercio e inversión” de países del Golfo con Estados Unidos, el trasfondo de confrontación con Irán mantiene un piso elevado de incertidumbre sobre el suministro.
En la práctica, el retiro del gravamen puede aliviar presiones logísticas y de costos para navieras y aseguradoras, lo que normalmente modera el componente de “prima de riesgo” en el barril. Sin embargo, la advertencia de que el paso estaría “abierto a todo el tráfico excepto para Irán” y el anuncio de un nuevo bloqueo a puertos iraníes sostienen el riesgo de interrupciones, lo que limita la caída potencial de precios y mantiene la atención de los mercados sobre la estabilidad del flujo energético.
En México, la sensibilidad a estos movimientos es alta. Los precios de gasolinas y diésel, aun con mecanismos de estímulos al IEPS, se ven influidos por referencias internacionales y por costos de importación. Además, el país continúa importando una parte relevante de combustibles terminados, por lo que choques externos se trasladan al consumidor final o, alternativamente, a mayores costos fiscales si se busca amortiguar el impacto con apoyos.
Inflación, Banxico y el canal cambiario: el impacto indirecto de la tensión en Ormuz
Un episodio de encarecimiento del crudo suele filtrarse a la inflación mexicana primero por energéticos y transporte, y después por mercancías y servicios que dependen de logística. En un entorno donde el mercado sigue de cerca la trayectoria de precios y la postura monetaria, el repunte de energéticos puede complicar el trabajo del Banco de México (Banxico) para consolidar una desinflación sostenida, sobre todo si el choque es persistente o coincide con presiones internas en alimentos y servicios.
El otro mecanismo es el tipo de cambio. En fases de aversión al riesgo, es común observar demanda por activos considerados refugio y una apreciación del USD frente a varias monedas, incluido el peso. Un peso más débil encarece importaciones y puede amplificar el efecto inflacionario del petróleo; además, eleva costos de cobertura para empresas con pasivos o compras denominadas en dólares. Si bien el peso mexicano ha mostrado episodios de resiliencia en ciclos recientes, su desempeño sigue atado a diferenciales de tasas, flujos hacia mercados emergentes y percepción de riesgo geopolítico.
Para las finanzas públicas, el choque energético es ambivalente. Por un lado, precios más altos del crudo pueden elevar ingresos petroleros; por otro, también encarecen importaciones de combustibles y aumentan presiones para contener el precio al consumidor. El balance final depende de la mezcla de exportación, la estructura de costos y el diseño de apoyos o estímulos, así como del comportamiento de la demanda interna.
Hacia adelante, el mensaje para México es que la volatilidad seguirá siendo la norma mientras persista el pulso entre Estados Unidos e Irán. Aun si el peaje fue descartado, el mercado continuará reaccionando a señales militares, sanciones, bloqueos y cambios en rutas marítimas o seguros. En ese contexto, empresas intensivas en energía, transportistas y sectores con alta exposición a importaciones suelen ser los primeros en ajustar presupuestos, coberturas y precios.
En síntesis, la marcha atrás de Trump reduce un riesgo inmediato de costos adicionales en Ormuz, pero no elimina la fragilidad del entorno energético global. Para México, la clave estará en cómo evoluciona el petróleo y el USD, y en la capacidad de la política monetaria y fiscal para amortiguar impactos sin generar presiones adicionales sobre inflación, crecimiento y cuentas públicas.