México retrocede en competitividad global del IMD: el foco vuelve a gobierno e infraestructura

14:31 18/06/2026 - PesoMXN.com
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México cayó al lugar 62 en el ranking de competitividad del IMD, con rezagos en eficiencia gubernamental e infraestructura que contrastan con su fortaleza exportadora.

México perdió terreno en la edición 2026 del World Competitiveness Ranking del Institute for Management Development (IMD), al descender siete posiciones y ubicarse en el lugar 62 entre las economías evaluadas. El retroceso ocurre en un momento en el que el país busca capitalizar la reorganización de cadenas de suministro en Norteamérica, pero enfrenta limitantes internas que pesan sobre la capacidad de atraer inversión y elevar la productividad.

El indicador del IMD compara a los países con base en su capacidad para crear y sostener un entorno favorable para la operación de empresas, a partir de cuatro pilares: desempeño económico, eficiencia gubernamental, eficiencia empresarial e infraestructura. En 2026, México mostró un resultado mixto: destacó relativamente en desempeño económico (posición 39), pero quedó rezagado en eficiencia empresarial (54), infraestructura (61) y, especialmente, eficiencia gubernamental (62), su componente más débil.

La lectura general del ranking es que las ventajas estructurales del país —tamaño de mercado, costos laborales competitivos e integración manufacturera con América del Norte— no han bastado para compensar los cuellos de botella en regulación, capacidad institucional y calidad de servicios e infraestructura clave, desde logística hasta formación de capital humano.

Gobernanza y marco regulatorio: el principal lastre en un año de alta incertidumbre

El peor desempeño de México se concentró en eficiencia gubernamental, rubro que incluye finanzas públicas, política fiscal, marco institucional y entorno regulatorio. En la práctica, este pilar suele capturar la percepción sobre certidumbre para invertir: claridad de reglas, tiempos y costos de trámites, consistencia en la aplicación de normas y calidad de la coordinación entre niveles de gobierno. En un contexto en el que las empresas comparan destinos de inversión con criterios de velocidad y previsibilidad, la volatilidad regulatoria y la carga administrativa pueden convertirse en desventajas tan relevantes como el costo de la energía o el transporte.

La presión sobre el gasto público y el debate recurrente sobre el espacio fiscal también influyen en la evaluación. Con una economía que ha mostrado resiliencia por su plataforma exportadora, el reto pasa por convertir esa inercia en crecimiento de largo plazo, lo cual requiere instituciones que aceleren proyectos, reduzcan riesgos y favorezcan competencia y productividad. Para el mercado, la señal más valiosa suele ser la continuidad de políticas y la ejecución efectiva: que los permisos, la supervisión y la impartición de justicia acompañen el ritmo de inversión que demanda la relocalización productiva.

En infraestructura, México se ubicó en el lugar 61, reflejando desafíos en componentes físicos, tecnológicos, científicos y educativos. En términos económicos, esto se traduce en mayores costos logísticos, congestión en corredores industriales, brechas en conectividad y limitaciones para escalar procesos de mayor valor agregado. En la coyuntura del nearshoring, la infraestructura deja de ser un “activo de soporte” y se vuelve un determinante de competitividad: puertos, aduanas, carreteras, disponibilidad de parques industriales, conectividad digital y capacidad de suministro energético confiable.

El contraste es que el país mantiene fortalezas en desempeño económico. El IMD reconoce el tamaño de la economía mexicana y la competitividad de sus costos laborales, además del avance de exportaciones vinculadas a manufactura avanzada. Esa base ha permitido sostener una presencia relevante en cadenas regionales, particularmente en sectores como automotriz, autopartes, electrónicos y dispositivos médicos. Sin embargo, la brecha entre una economía abierta y exportadora, y los rezagos en infraestructura e instituciones, limita la velocidad con la que México puede capturar nuevas inversiones o moverlas hacia actividades de mayor contenido tecnológico.

El reporte del IMD también apunta a retos que, en la discusión pública mexicana, se han vuelto centrales: fortalecer la infraestructura logística para aprovechar el nearshoring, impulsar innovación y desarrollo tecnológico, robustecer el mercado interno, mejorar educación y capacitación laboral, y garantizar seguridad energética. Estas prioridades se conectan con un diagnóstico conocido: México puede atraer inversión por proximidad geográfica y red comercial, pero requiere elevar productividad y certidumbre para sostener una trayectoria de crecimiento mayor y más estable.

Hacia adelante, el desempeño de México en rankings internacionales suele moverse con cambios incrementales —mejoras en regulación, simplificación administrativa, mayor inversión en infraestructura y capital humano— más que con medidas aisladas. Para 2026, el mensaje del IMD es claro: las ventajas competitivas existentes siguen vigentes, pero el país enfrenta restricciones internas que, si no se atienden, pueden acotar el potencial del ciclo de inversión asociado a la integración regional.

En síntesis, la caída al lugar 62 no elimina las fortalezas exportadoras de México, pero subraya que el reto de fondo está en elevar la capacidad del Estado y la calidad de infraestructura para convertir oportunidades externas en crecimiento sostenido y de mayor valor agregado.

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