Desaceleración de China a 5% reordena el tablero externo para México: exportaciones, nearshoring y presión en commodities

07:13 19/01/2026 - PesoMXN.com
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La economía de China reportó un crecimiento anual de 5% en 2025, un ritmo bajo en comparación con décadas previas y en línea con su meta oficial. El dato llegó acompañado de señales de fragilidad interna: consumo debilitado, un sector inmobiliario aún presionado por la deuda y una expansión apoyada, en buena medida, por el sector exportador. Para México, la trayectoria de la segunda economía del mundo es más que una cifra: influye en precios de materias primas, costos de insumos industriales, rutas del comercio global y, de forma indirecta, en el ritmo de inversión vinculada al fenómeno de relocalización (nearshoring).

En los datos difundidos por la autoridad estadística china, el crecimiento se moderó hacia el cierre del año, con un avance de 4.5% en el cuarto trimestre. Al mismo tiempo, las ventas minoristas se enfriaron y la producción industrial mostró un desempeño positivo pero menos dinámico que el año previo. Analistas han subrayado que el impulso exportador “maquilla” debilidades domésticas: cuando el consumo no acompaña, el crecimiento depende más de la demanda externa y del soporte de políticas públicas, como estímulos fiscales o subsidios a compras de bienes duraderos.

El componente geopolítico también pesó. La continuidad de tensiones comerciales entre Estados Unidos y China —con episodios de endurecimiento arancelario y una tregua parcial hacia finales de año— reconfiguró flujos de exportación. Aunque los envíos chinos a Estados Unidos retrocedieron con fuerza, el país asiático compensó parte del golpe en otros mercados, lo que mantiene competencia intensa en manufacturas a nivel global. En ese tablero, México aparece como una economía que puede ganar participación en Norteamérica por cercanía logística y reglas de origen, pero también enfrenta el reto de competir en costos y tiempos de entrega frente a una oferta asiática que, en periodos de debilidad interna, suele volcarse al exterior.

Para México, uno de los canales más relevantes es el de las cadenas globales de suministro. Una China con menor dinamismo doméstico puede traducirse en presiones a la baja en ciertos commodities industriales y en precios más competitivos de bienes intermedios (componentes, maquinaria, electrónicos), lo que abarata parte de los insumos para manufactura mexicana. Sin embargo, la misma dinámica puede elevar la competencia en sectores donde México exporta a Estados Unidos —autopartes, electrónicos, electrodomésticos— justo cuando la economía mexicana depende en gran medida del ciclo manufacturero estadounidense y del comercio exterior, que representa un ancla clave de actividad.

El nearshoring, por su parte, no depende solo de la desaceleración china, sino de la certidumbre regulatoria, la disponibilidad de energía, agua, infraestructura y capital humano en México. Aun así, un entorno internacional donde las empresas busquen reducir riesgos geopolíticos y acortar cadenas puede favorecer decisiones de inversión en el país, particularmente en el norte y el Bajío. La lectura para 2026 es que el potencial está ahí, pero el aprovechamiento será desigual si persisten cuellos de botella: capacidad de transmisión eléctrica, permisos, seguridad logística y conectividad ferroviaria y portuaria.

Otro canal es el financiero: si el menor crecimiento chino se combina con volatilidad en comercio global, los mercados suelen ajustar expectativas sobre tasas, inflación y divisas. Para México, esto se filtra vía tipo de cambio y flujos hacia mercados emergentes. En el terreno doméstico, el Banco de México mantiene como prioridad el combate a la inflación y el anclaje de expectativas, mientras que la política fiscal enfrenta el reto de consolidación tras un déficit elevado y mayores necesidades de financiamiento. En ese contexto, episodios de aversión al riesgo global pueden elevar primas y costos de financiamiento, aunque el país también se beneficia cuando la demanda por activos ligados a Estados Unidos favorece al peso por su liquidez y por la profundidad del mercado local.

A futuro, la pregunta central es si China logrará reequilibrar su modelo hacia un consumo interno más sólido o si seguirá descansando en exportaciones y estímulos puntuales. Para México, la implicación práctica es doble: un mundo con demanda china menos vigorosa puede moderar presiones inflacionarias importadas en algunos insumos, pero también puede intensificar la competencia en manufacturas. La estrategia mexicana de inserción en Norteamérica —en el marco del T-MEC y con el ciclo de revisión del acuerdo en el horizonte— será determinante para convertir la reconfiguración global en inversión productiva y empleos formales, más allá de impulsos de corto plazo.

En suma, el crecimiento de 5% en China en 2025 confirma una desaceleración estructural con efectos indirectos para México: puede abaratar ciertos insumos y reforzar el argumento del nearshoring, pero también eleva la competencia exportadora y añade incertidumbre al comercio global. El balance para la economía mexicana dependerá menos del dato chino por sí solo y más de la capacidad del país para resolver cuellos de botella internos, sostener estabilidad macroeconómica y capitalizar su integración con Estados Unidos.

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