El riesgo del “Súper Niño” vuelve al radar de la inflación: alimentos, agua y costos presionan el panorama hacia 2027

05:55 09/07/2026 - PesoMXN.com
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El posible fortalecimiento de El Niño podría encarecer cosechas y alimentos con rezago, complicando el descenso de la inflación en México hacia 2027.

La inflación de los alimentos en México tuvo una tregua reciente, pero el alivio podría ser temporal. Tras el descenso observado en mayo en la inflación no subyacente —donde se agrupan rubros volátiles como agropecuarios y energía—, analistas y autoridades monetarias mantienen en el radar el riesgo de un nuevo episodio del fenómeno de El Niño, con la posibilidad de que evolucione hacia un “Súper Niño” y genere afectaciones climáticas con impacto económico en los próximos trimestres.

El tema no es menor para la trayectoria de precios. Los productos agropecuarios tienen un peso relevante dentro del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) y, dentro de éstos, los agrícolas suelen ser especialmente sensibles a cambios en temperatura y precipitaciones. Movimientos persistentes en precios de básicos como jitomate, frijol, papa, plátano, maíz, cebolla, aguacate, manzana y arroz pueden filtrarse al componente general y dificultar la convergencia hacia la meta de 3% del Banco de México (Banxico).

En el corto plazo, el consenso del mercado sigue anticipando que la inflación cerrará el año por encima del objetivo de Banxico, en un entorno donde los choques de oferta pueden reactivar episodios de volatilidad. Banxico ha advertido en sus comunicaciones que, entre los riesgos al alza, están los eventos climáticos y sus efectos sobre cadenas de producción y distribución, particularmente en alimentos.

El canal de transmisión suele operar con rezagos: un episodio climático adverso no necesariamente se refleja de inmediato en el INPC, sino conforme se materializan mermas en cosechas, aumentan costos de riego y logística, y se reconfiguran flujos de abasto. Por ello, distintas mesas de análisis ubican presiones potenciales más visibles hacia 2026 y, con mayor intensidad, durante 2027, dependiendo de la persistencia y severidad del fenómeno.

Alimentos, agua y logística: por qué el choque puede durar más de una temporada

Más allá del clima, el riesgo inflacionario en alimentos se está volviendo estructuralmente más complejo por la interacción con el estrés hídrico. La menor disponibilidad de agua en diversas regiones —con impactos diferenciados entre el norte y el sur— puede reducir rendimientos agrícolas o encarecerlos al exigir más riego, energía y transporte. En paralelo, cuando el abasto se ajusta con importaciones o traslados desde zonas menos afectadas, el costo logístico se vuelve un factor adicional, especialmente en productos perecederos que requieren cadenas de frío y distribución rápida.

Este contexto se entrelaza con el objetivo de política monetaria: incluso si la inflación subyacente mantiene una tendencia de desaceleración, un repunte prolongado de la no subyacente puede contaminar expectativas, elevar la percepción de riesgo en hogares y empresas, y volver más lenta la normalización de precios. Para Banxico, el reto es distinguir entre choques transitorios y aquellos que, por su duración o recurrencia, terminan permeando la formación de precios y salarios.

Otro elemento de atención es el costo de insumos. En meses recientes, analistas han subrayado el encarecimiento internacional de fertilizantes —en particular los que dependen de procesos vinculados al gas natural y la refinación— como un factor que presiona costos de producción. Cuando estos aumentos coinciden con condiciones climáticas adversas, el impacto puede amplificarse: se encarece producir y, al mismo tiempo, se reduce la oferta por afectaciones en cosechas.

Para los consumidores, el efecto se observa en la canasta cotidiana y puede pegar con mayor fuerza a los hogares de menores ingresos, que destinan una proporción más alta de su gasto a alimentos. Para los negocios, en especial restaurantes, comercios minoristas y productores agroindustriales, la volatilidad complica contratos, márgenes y planeación de inventarios, lo que puede traducirse en ajustes de precios más frecuentes.

En términos macroeconómicos, un repunte agropecuario sostenido tiende a elevar la incertidumbre sobre el ritmo al que la inflación regresará a niveles compatibles con la meta. Si el choque se materializa en 2026-2027, podría coincidir con un periodo en el que la economía mexicana buscará consolidar inversión y producción ligadas al reacomodo de cadenas de suministro, en un entorno donde los costos de alimentos y agua también influyen en competitividad regional y decisiones de localización industrial.

Las señales tempranas a seguir incluyen reportes de temperaturas extremas y patrones de lluvia, niveles de presas, evolución de precios mayoristas de frutas y verduras, y costos de insumos agrícolas. La lectura de estos indicadores, junto con la reacción de expectativas inflacionarias, será clave para anticipar si el episodio se queda en un bache temporal o si se convierte en una fuente persistente de presiones.

En síntesis, el descenso reciente de la inflación agropecuaria ofrece una ventana de respiro, pero no garantiza una trayectoria lineal a la baja: el posible “Súper Niño”, la presión hídrica y el encarecimiento de insumos perfilan un riesgo que podría reemerger con fuerza hacia 2027 y obligar a una vigilancia estrecha de precios y cadenas de abasto.

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