Sofomes piden asiento en el Plan México: el eslabón no bancario que ya impulsa el crédito a pymes

05:55 13/05/2026 - PesoMXN.com
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El sector de sofomes busca reconocimiento en el Plan México, argumentando que ya canaliza una parte relevante del financiamiento a pymes y opera con banca de desarrollo.

Las Sociedades Financieras de Objeto Múltiple (sofomes) intensificaron su cabildeo para ser incorporadas de manera explícita en el Plan México, la estrategia del gobierno federal encabezado por Claudia Sheinbaum que, entre otras metas, plantea ampliar el acceso a financiamiento formal para pequeñas y medianas empresas (pymes) hacia 2030. El argumento central del gremio es que, aunque no figuran como “actor” formal del programa, ya son una vía relevante para colocar crédito donde la banca tradicional suele tener menor apetito de riesgo o menor capilaridad.

De acuerdo con la Asociación de Sociedades Financieras de Objeto Múltiple en México (Asofom), estas entidades ya participan con alrededor de 12% del financiamiento total del país y destinan entre 50% y 60% de sus carteras al segmento pyme. El sector sostiene que una proporción significativa de las pymes obtiene su primer financiamiento a través de una sofom, lo que las coloca como puerta de entrada al sistema de crédito formal para micronegocios y empresas jóvenes con historial limitado.

El reclamo ocurre en un contexto donde el rezago de crédito a empresas pequeñas sigue siendo estructural. En México, la profundidad financiera continúa por debajo de economías comparables: el crédito al sector privado como proporción del PIB es moderado y se concentra en grandes acreditados, mientras que el financiamiento a pymes enfrenta obstáculos como informalidad, escasa documentación financiera, baja bancarización empresarial y costos de originación elevados. Para el gobierno, cumplir la meta de elevar el acceso al financiamiento requiere ampliar canales, productos y mecanismos de garantía, y ahí las sofomes buscan presentarse como una infraestructura ya operativa.

Las sofomes, al no ser bancos, suelen operar con modelos más especializados: originan créditos de menor monto, con análisis de riesgo ajustados a nichos (transporte, factoraje, arrendamiento, capital de trabajo, cadenas de suministro) y con procesos menos estandarizados que los de la banca múltiple. Esa flexibilidad, sin embargo, suele venir acompañada de un costo de fondeo más alto, lo que se traslada a tasas y comisiones, un punto sensible cuando el objetivo público es abaratar el crédito productivo.

Banca de desarrollo y fondeo: la pieza que puede acelerar —o limitar— el Plan México

Uno de los ejes que el sector pone sobre la mesa es su relación cotidiana con la banca de desarrollo. Asofom afirma que instituciones como Nacional Financiera, Bancomext, FIRA y Banobras han sido fondeadores relevantes y socios en esquemas de garantía o programas sectoriales. En la práctica, este engranaje permite que recursos de fomento lleguen a empresas que no necesariamente califican para un crédito bancario directo, pero sí pueden ser atendidas por intermediarios especializados con capacidad de originación local o sectorial.

La discusión no es menor: si el Plan México busca acelerar inversión en manufactura, logística, exportación, servicios y cadenas de proveeduría asociadas a nuevos parques industriales, el crédito puente y el capital de trabajo se vuelven críticos para proveedores pequeños. La banca de desarrollo puede “apalancar” el fondeo, pero la dispersión y supervisión del crédito requieren intermediarios con cobertura y metodologías robustas. En ese punto, las sofomes argumentan que su participación formal permitiría diseñar reglas más claras, estándares de información y metas medibles para el financiamiento pyme.

El reto es equilibrar inclusión financiera con estabilidad: una expansión rápida del crédito, sin estándares homogéneos de originación y cobranza, puede traducirse en deterioro de cartera. Por eso, el sector ha impulsado esquemas como la certificación de “Sofom de Alta Calidad”, orientados a demostrar gobierno corporativo, control de riesgo y transparencia. Aun así, el acceso a fondeo más barato depende de que el mercado reconozca el desempeño de portafolios y de que haya infraestructura de datos y reporteo comparable a la de la banca.

En paralelo, las sofomes están acelerando su proceso de institucionalización para acceder a capital de largo plazo. En el mercado local, algunas han explorado bursatilizaciones y emisiones simplificadas con la intención de reducir su costo de fondeo y atraer inversionistas institucionales. La tesis es que, con escala y diversificación, la prima de riesgo puede comprimirse y, con ello, abaratar el crédito final a las empresas.

También crece el interés por recursos internacionales para proyectos ligados a infraestructura industrial, transporte y sostenibilidad, particularmente en regiones fronterizas. Esto se alinea con la narrativa de relocalización de cadenas productivas (nearshoring), que ha impulsado inversión en corredores industriales y presiona la demanda de financiamiento para equipo, flotillas, inventarios y adecuaciones de planta. No obstante, la materialización de ese impulso depende de factores como disponibilidad de energía, agua, certeza regulatoria y capacidad logística, variables que pueden acelerar o frenar la demanda de crédito.

En cuanto al pulso sectorial, las sofomes reportan dinamismo en manufactura ligera, servicios, consumo y segmentos como restaurantes, hoteles y logística de última milla, donde el crédito se usa para expandirse o financiar capital de trabajo. En contraste, la construcción muestra señales de debilidad y cautela, aunque persiste la necesidad de financiamiento en proveedores de materiales y contratistas pequeños que trabajan para proyectos mayores. Este contraste importa para el Plan México, porque parte de la inversión industrial requiere obra civil y proveedores que, si no acceden a crédito, pueden convertirse en cuellos de botella.

La negociación de un lugar formal para las sofomes dentro del Plan México anticipa un debate de política pública: si la meta es ampliar el financiamiento pyme, el diseño institucional debe reconocer a los intermediarios no bancarios, pero al mismo tiempo exigir métricas de desempeño, transparencia y estándares prudenciales acordes con el riesgo de atender segmentos más vulnerables. El resultado puede redefinir el mapa de competencia del crédito empresarial y la forma en que el fomento público se canaliza hacia la economía real.

En perspectiva, el peso de las sofomes en el financiamiento a pymes sugiere que ignorarlas limitaría el alcance del Plan México; incorporarlas con reglas claras podría acelerar la inclusión crediticia, aunque el éxito dependerá de fondeo sostenible, calidad de cartera y coordinación efectiva con la banca de desarrollo.

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