La maternidad también merma la pensión: un hueco silencioso en el ahorro para el retiro en México

18:02 11/05/2026 - PesoMXN.com
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En México, la licencia de maternidad protege el ingreso, pero abre un bache en cotizaciones y aportaciones que puede traducirse en pensiones más bajas para las mujeres.

En México, la licencia de maternidad en el sector formal está diseñada para salvaguardar el ingreso de la trabajadora: durante la incapacidad, el IMSS cubre un subsidio equivalente al 100% del salario registrado. Sin embargo, el esquema de cuentas individuales del Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) deja un ángulo muerto: en ese periodo puede disminuir o interrumpirse el flujo de aportaciones a la cuenta de Afore, lo que afecta el ritmo de acumulación del ahorro previsional y, en ciertos casos, el conteo de semanas cotizadas. En un sistema donde el monto final de la pensión depende crecientemente de lo ahorrado y de la densidad de cotización, estas pausas se vuelven relevantes.

El problema no se agota en un par de meses sin aportaciones. Se combina con trayectorias laborales más intermitentes, mayor probabilidad de informalidad y menores ingresos promedio de las mujeres frente a los hombres. El resultado es una brecha de género en el retiro que puede volverse más visible conforme más personas se jubilen plenamente bajo el régimen de contribución definida (Ley 1997), en el que “te retiras con lo que juntaste” y el Estado ya no cubre el faltante como ocurría en el antiguo esquema de beneficio definido (Ley 1973) para quienes conservan derechos.

Distintos diagnósticos del mercado laboral y del ahorro apuntan a una misma dirección: aun entre población con actividad remunerada, las mujeres registran menor presencia en cuentas de retiro y, sobre todo, menor continuidad en aportaciones. No es raro que existan cuentas abiertas que pasan largos periodos sin recibir depósitos obligatorios por episodios de salida del empleo formal, cambios de ocupación o transiciones hacia esquemas más flexibles sin seguridad social.

Para la economía mexicana, el impacto trasciende el plano individual. Un menor ahorro para el retiro en un segmento amplio de la población presiona la discusión sobre suficiencia pensionaria, incrementa el riesgo de dependencia de transferencias públicas futuras y reduce el colchón financiero de los hogares en la vejez. En un país que envejece gradualmente y donde el empleo informal sigue siendo elevado, la suficiencia de las pensiones se ha convertido en un tema estructural de política económica.

Licencia con salario, pero con lagunas previsionales

Durante la incapacidad por maternidad, el ingreso de la trabajadora proviene del subsidio del IMSS y no necesariamente de un pago de nómina del patrón. En la práctica, esto puede traducirse en aportaciones incompletas o suspendidas a ciertos componentes del ahorro para el retiro, dependiendo de cómo se determine el salario base de cotización y de qué cuotas se gatillan efectivamente durante ese lapso. Aunque el periodo parezca breve, su efecto se acumula: dos o tres eventos de maternidad, más cualquier pausa adicional por cuidados, pueden reducir la densidad de cotización y el monto total acumulado, justo en un sistema donde cada semana y cada peso aportado importan.

Además, algunas prestaciones vinculadas al empleo —como vales u otros beneficios— suelen depender de la política de cada empresa y pueden no entregarse durante la incapacidad, lo que reduce el ingreso disponible del hogar en un momento de mayores gastos. Esa menor holgura también limita la posibilidad de hacer ahorro voluntario, que en México sigue siendo bajo y se concentra en hogares de mayores ingresos.

Informalidad y cuidados: el detonante detrás de la brecha

El principal amplificador de la desigualdad pensionaria no es únicamente la licencia, sino la forma en que el mercado laboral responde a la maternidad. La carga de cuidados continúa recayendo de manera desproporcionada en las mujeres, lo que incentiva trayectorias con salidas temporales del empleo formal o transiciones a la informalidad para ganar flexibilidad. En México, la informalidad permanece como un rasgo persistente del mercado laboral, y en el caso de las madres trabajadoras tiende a ser mayor. Cada mes fuera de la seguridad social implica menos semanas cotizadas, menos aportaciones obligatorias y, por tanto, una pensión esperada más baja, especialmente bajo el régimen de cuentas individuales.

Este fenómeno también se entrelaza con la brecha salarial, la segmentación ocupacional y el acceso desigual a puestos con prestaciones. Cuando el ingreso es menor o más volátil, el ahorro voluntario se vuelve más difícil, y la cuenta individual depende casi por completo de las contribuciones obligatorias. A esto se suma que la participación laboral femenina en México, si bien ha mostrado avances graduales, sigue por debajo de la masculina y por debajo de la observada en varias economías comparables, lo que limita el tiempo efectivo de cotización a lo largo de la vida laboral.

Reforma pensionaria y el dilema de quién paga el “costo” de cuidar

La reforma de 2020 elevó gradualmente la aportación patronal obligatoria para mejorar las tasas de reemplazo futuras, con una trayectoria que continúa en la presente década. En papel, este aumento fortalece el ahorro de quienes logran carreras formales estables. No obstante, la mejora se distribuye de manera desigual si la densidad de cotización es baja: para quienes alternan formalidad e informalidad, el beneficio potencial se reduce.

De ahí que haya propuestas que buscan “neutralizar” el impacto de la maternidad sobre el retiro: reconocer esos periodos como semanas cotizadas para efectos pensionarios o ajustar los mecanismos de apoyo público (como componentes de aportación gubernamental) con perspectiva de género. El reto es fiscal y de diseño: extender aportaciones durante licencias o crear compensaciones explícitas implica definir fuentes de financiamiento, reglas claras y mecanismos de verificación, evitando cargas excesivas sobre empresas o sobre el erario, en un contexto donde el espacio fiscal es limitado y la presión por gasto social compite con prioridades como salud, educación e infraestructura.

En paralelo, medidas fuera del sistema pensionario —expansión de cuidados, estancias infantiles, permisos parentales más equilibrados, mayor fiscalización y simplificación para facilitar la formalidad— pueden tener efectos más profundos sobre la densidad de cotización femenina. En términos económicos, una mayor continuidad laboral formal no solo mejora la pensión esperada, también fortalece la base contributiva y puede elevar la productividad al facilitar trayectorias laborales más estables.

En síntesis, el diseño actual protege el ingreso durante la maternidad, pero no siempre protege el ahorro para el retiro con la misma consistencia. La combinación de lagunas de aportación, informalidad y carga de cuidados explica por qué la brecha pensionaria de género persiste y podría ampliarse conforme madure el sistema de cuentas individuales; cerrarla exige ajustes previsionales y, sobre todo, políticas laborales y de cuidados que sostengan carreras formales continuas.

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